viernes, 22 de julio de 2011

Las manos de MAMANA



 Las arepas asadas en el fogón  tenían ese sabor a mañanita que nos hacía plácida la espera en el gran mesón del corredor; el café colado, compañero inseparable de la salida del sol y protagonista del pretil,  reposando dentro de la blanquísima olla de peltre nos invitaba a desfilar con nuestra taza para pedir siempre un poquito más del delicioso e inimitable guarapo. La sopita de gallina los domingos, los buñuelos con miel que saboreábamos cada Semana Santa  justo después de la procesión del Nazareno, la natilla de las tardes, el dulce de lechosa o el guiso de las hallacas. Todo tenía un sabor especial y bendito porque venía de las manos de Mamana.

Dormir y amanecer con ella era sólo comparable a la más maravillosa experiencia. Tenía un repertorio inagotable de historias fantásticas que en su mayoría inventaba producto de una imaginación verdaderamente sorprendente. Organizaba juegos y excursiones en el patio de la vieja casa y su capacidad de atracción era como la de un mago, la de un malabarista o la de un poeta…o mejor dicho como la de la poetisa que  intentaba ser, so pena de plagio, mientras desenredaba mi cabello y declamaba “este era un Rey que tenía un gran manto de tisú y una gentil princesita, tan bonita mi Jorgita, tan bonita como tú”.  Teniendo yo siete años y una ingenuidad galopante, una tarde le pregunté en qué momento había escrito ese poema y me dijo con absoluto desparpajo que lo había preparado con mucho amor justo el día en que me tuvo en sus brazos por primera vez. Gracias a esta mentira blanca compartí con Margarita, durante muchos años,  el honor de ser la protagonista de Rubén Darío, del Rey y su castillo de diamantes. Gracias a esa mentira blanca, estoy segura que una estrella aún espera que vaya a buscarla.

Mis primos también tenían cada uno su poema “escrito” a dos manos con la pluma de otros y el corazón de mi abuela.   Ella se repartía equitativamente entre once pequeños que la reclamaban cada minuto. Once criaturas urgidas de cuentos, de abrazos, de arrullos. Preparaba agüitas santas para nuestros dolores de barriga, remendaba la ropa hasta dejarla perfecta, hacía vestidos para nuestras muñecas,  tejía calcetines para el frío, traducía los sonidos de la noche para que no tuviéramos miedo, aliviaba nuestras tristezas con tan sólo una sonrisa.  En su abrazo entrábamos todos de una sola vez  y con la mayor comodidad.

Y es que, cuántos nietos pueden caber en el alma de una abuela? Acaso tienen ellas algún límite en su capacidad afectiva? He visto y sentido a muchas abuelas famosas y queridas acogiéndonos  en sus brazos: la abuela de la Caperucita Roja o la abuela del pato Donald, por ejemplo, o Santa Ana, la abuela del Niño Jesús, o aquéllas  valientes abuelas que se unieron en la Plaza de Mayo para juntas iniciar la más amorosa lucha, armadas de pañuelitos blancos, con el fin de recuperar a los nietitos perdidos propios y de la Patria. Todas tienen el don Divino de cobijar incluso al nieto ausente.

Qué no hace una abuela por un nieto? Todo lo pueden! Las abuelas son consejeras, futbolistas, alpinistas, maestras, pintoras, dentistas. Y ante el dolor? Son las mejores médicas del planeta. Mamana curaba con sus manos y consejos. Recuerdo que siendo una adolescente recurrí a ella por una fuerte dolencia en el pecho.  No era una arritmia ni un soplo, era un dolor de esos que se generan por querer equivocadamente y en exceso a quien no se debe. Fue entonces cuando sus palabras cargadas de inmensa sabiduría, acompañadas de sus milagrosas manos, tocaron mi frente y mi entendimiento. Inmediatamente el dolor se detuvo.

Mi Mamana ya no está físicamente y sin embargo sigue aquí. Quizás sea el gran misterio de las abuelas, el de quedarse siempre junto a nosotros, el de abrazarnos tanto como sea posible. A ratos la escucho en la distancia declamarme el poema que “me” escribió: “está linda la mar y el viento lleva esencia sutil de azahar; yo siento en el alma una alondra cantar…mi Jorgita, te voy a contar un cuento”.

Jorgita Rodríguez

miércoles, 13 de julio de 2011

VIVIR CON UN SUPER HÉROE

 "…Corre chiquitico…el trencito de los sueños y las sonrisas eternas, ya está aquí "

 Al abrir los ojos, después de estirarse y regalarme su mejor sonrisa, mi cachorro de superhéroe corre a su closet y saca su traje de Spiderman. Tener que "practicar" se ha convertido en su rutina favorita antes de salir al colegio o llegar de él.
Platos, vasos, carpeta, sacapuntas, bulto, cuaderno, franela, zapatos, medias y hasta la ropa interior. Todo cuanto lo rodea tiene el sello de su personaje favorito. Sus historias giran en torno a su arácnido héroe escalador de edificios.
En más de una ocasión, en medio del tráfico inclemente de nuestra ciudad o bajo un torrencial aguacero   he sido tomada por asalto con alguna pregunta de extrema profundidad formulada por mi pequeño  acerca de la vida secreta de Peter, de la tinta negra que se posesiona de su cuerpo o del sitio específico de la mano    donde se le forma la "telaraña" y si le duele o no cuando la lanza…
Y le respondo, torpemente le respondo. Pero es en ese espacio vacío que queda entre una y otra respuesta que me permito analizar, humildemente,  que ese niño amado de manera infinita e indescriptible no sabe que, en paralelo con el ejercicio de su  "identidad secreta",  esa carita de luz que exhibe una  sonrisa pintada directamente con el pincel y las acuarelas de Dios, es el rostro de la heroicidad, de la justicia, de la esperanza. Que en definitiva, es a mi niño y los niños del mundo, a quienes les toca la tarea, supremamente importante, de salvar el planeta, de luchar por los indefensos, de rescatar la paz, el amor, la fraternidad.
Y es que quizás algunos niños tienen la dicha de vivir una infancia feliz y plena que les permita convertirse en adultos valientes. Esos que cuando crecen tienen la capacidad de rescatarnos del enemigo que acecha; del monstruo que pone en peligro a la humanidad y que lamentablemente ha sido creado por el mismo hombre y su egoísmo ilimitado.

Hablar de los niños y de la infancia nos resulta absolutamente fácil   y placentero. Es un tema que no nos es ajeno. Tengamos hijos o no, TODOS gozamos de basta experiencia en la materia pues, en definitiva,    TODOS, en algún momento de nuestras vidas, hemos sido niños.
Es por esa  razón que se me queda corto el razonamiento cuando con asombro e infinita tristeza, me encuentro con noticias absolutamente    aterradoras como que "Unos 90 millones de niños en el mundo carecen de la alimentación básica", o "
Dos millones de niños mueren cada año de enfermedades vacunables, según la OMS" o que ' Más de 218 millones de menores trabajan en el mundo". Es cuando nos damos cuenta que, el ser humano aleja de sí la solidaridad incluso hacia su misma esencia pues, con sólo pensar en su pasado y en su niñez, estos titulares no deberían existir.

Los niños merecen todo nuestro respeto. Este debe comenzar por cubrir  necesidades básicas como la alimentación, el vestido y la educación, pero no debe OBVIAR NUNCA los abrazos, la atención, los    sueños, la sonrisa, el viaje por la imaginación, el ser escuchados. Alimentar en un niño sus sueños de héroe lo convierte en un mejor hombre que siempre tendrá nobles intenciones   para ayudar al desvalido, al necesitado, al hermano.
Como padres tenemos la maravillosa oportunidad de aplaudir a nuestros hijos cada buen gesto, pero también estamos obligados a comprender y aceptar    las equivocaciones que sean necesarias para que inventen sus propias formas de aprender; a cambiarles con ternura los zapaticos puestos al revés; a enseñarlos a creer en el ángel de la guarda, en la virgencita  o   en  el mismo spiderman; a permitirles pasarse a nuestra cama cuando las sombras o las pesadillas los acechen en una noche de truenos;   a esperarlos mientras caminan más despacio, pues sus pies son pequeñitos; a acompañarlos mientras absortos miran por la ventana un paisaje precioso o un animalito que llamó su atención y a escucharlos atentamente aunque  demoren mientras piensan lo que van a decir… a responder a sus preguntas, incluso a veces de manera torpe ...
La infancia no se repite. El momento de cobijar y abrazar a nuestros niños es el momento presente. Ese que muchas veces dejamos pasar por montones de excusas "serias".


Cuando los cuentos no comiencen en pasado, sino en presente…
Paz, amor y compromiso con los niños…el mejor regalo que podemos dar… Mil felicidades a todos los pequeños superhéroes del planeta.

viernes, 8 de julio de 2011

MARAVILLOSOS 40

La ilusión ante un nuevo cumpleaños supone, desde niños, ese algo mágico que nos hace ascender en la escalera  de la vida. Vamos subiendo peldaños: a los dos añitos nos quitan definitivamente  el pañal, a los cinco  nos llevan al  pre-escolar a colorear nuestro futuro con creyones de cera, a los siete años descubrimos  el fascinante mundo que se esconde entre una y otra letra, a los doce, creyéndonos grandes, degustamos palabras, números, historias y chocolates, a  los quince, desbordantes de esperanza e ilusiones, pretendemos el juego del amor. Luego universidad,  primer trabajo, pareja, amor eterno, y así, sin avisar, llegan  los hijos y entendemos la otra cara de la vida: la más blandita, porque cuando se tiene un hijo y ese niño sonríe, nos sentimos dueños de la felicidad y comenzamos a encontrar tesoros que no estaban tan ocultos: entendemos la diferencia entre un pulpo y un ángel, y queremos mirarnos en esos ojitos para siempre, quedarnos atrapados dentro de esas manos pequeñitas que todo lo modelan desde la arcilla de la inocencia. Nos hacemos “responsables” y hemos subido tanto que no nos damos cuenta de todo cuanto hemos dejado allá abajo. 
Empieza una discreta pero feroz  carrera contra el tiempo y nosotros dejamos  de ser los de antes para convertirnos en el de ahora, aunque en el fondo, quizás sin saberlo, seguimos  siendo los mismos.
Transcurren una década y otra. Logros y reconocimientos. Crecen los hijos y de pronto, sin previo aviso, aparecen  los cuarenta. Es gracias a ellos que  comenzamos a  mirar hacia atrás, valorando todo aquello que hemos  logrado en el camino.   Nos encontramos de pie frente a la delicada línea que separa la inmadurez  de la puerta abierta a  la sensatez, la reflexión,  la calma,  la paz, el encuentro interior, el disfrute de lo que somos,  el agradecimiento por cuanto sentimos.
Es allí donde comenzamos a entender muchas palabras que ni el kinder, ni el colegio, ni el liceo, ni la universidad nos enseñaron. Palabras de tan difícil comprensión que sólo las cuatro décadas nos pueden traducir: agradecimiento, quietud, compromiso, sabiduría, familia, buen amigo, amor eterno…
Los cuarenta nos hacen sensibles de almas compactas,  soñadores con pies de plomo, agradecidos de las sonrisas, de las manos extendidas, de la labor cumplida, de la promesa de amar y que nos amen, pues es en los cuarenta cuando comenzamos el camino de la eternidad, de  nuestra real liberación, de “aquellas pequeñas cosas” y de tantos verdaderos motivos para ser felices.
Nunca una etapa de nuestra vida nos procuró un acercamiento tan honesto con nuestra esencia, con nuestros conflictos, con nuestros anhelos.
Con cuarenta años una mujer sabe definitivamente lo que quiere y de quien, por lo cual se comporta de manera directa y honesta ante cualquier situación. Con cuarenta años se puede ser bella pero también serena, comprensiva, sensata. Nuestras  incipientes líneas en el rostro o la molesta celulitis, nos hacen humanas, reales, verdaderas.
Pretender subestimar los cuarenta con una excusa  tan simple como la vejez, es negarle el brillo propio que esa edad ofrece a quien la ostenta.
Démosle la bienvenida a esos maravillosos cuarenta, pues con ellos hemos ido atesorando una inmensa fortuna: la de la experiencia y los afectos.
Usemos todos los creyones de cera de aquella reciente niñez  para colorear nuestro nuevo futuro escrito en cada una de las cuarenta velitas. Abracemos la estrenada década con amor, con compromiso, con el agradecimiento que merece una  etapa que forma parte fundamental de nuestra eterna felicidad.     

UN NUEVO DÍA

Al entrar a la salita se descubre una cantidad de poltronas organizadas una al lado de la otra, casi apoyándose entre sí, dándose el aliento necesario. La siempre hermosa madre  María  recibe a quien llega. Bellamente adornada con flores y, con esa sonrisa  que a través de los siglos permanece incólume,  susurra que todo va a estar bien.  La escena se repite, pero  al mirar en todas las direcciones se puede notar que  el protagonista de esa obra puede ser  cualquiera: hombres, mujeres, ancianos, niños, jóvenes, viejitas. En medio del temor, se respira esperanza, en medio del dolor se percibe la certeza de que esa sequedad en la garganta, esa cabecita sin cabello, ese hematoma en el brazo, esa piel lozana que se marchita vertiginosamente sin considerar la cantidad de velitas apagadas en el último cumpleaños, tienen un por qué.
Conectadas a la vida, montones de personas que han sido afortunadas en ser detectadas a tiempo, reciben un tratamiento que, gota a gota, representa, para cada uno de ellos, la salida del sol, un nuevo día.
Mucho se habla de él: el cáncer, de manera desmesurada e implacable  cobra vidas por falta de un diagnóstico y un tratamiento a tiempo.  Por ello la prevención es fundamental y es allí donde todos debemos actuar: citas médicas periódicas, exámenes de diagnóstico, observar el comportamiento de nuestro cuerpo.   Cuánto nos ocupamos de la estética?  Tener un busto más grande, una cintura más fina, una nariz más perfilada. Cuánto nos ocupamos del cabello? Extensiones, baños de parafina, puntas partidas. Dedicamos horas a analizar cómo cambiar físicamente para ser más bonitas, algo que es absolutamente válido,  pero pueden pasar años antes de tomarnos una muestra de sangre para saber cómo están nuestros niveles de colesterol o de azúcar y confirmar que todo marche bien.  No siempre tendremos la suerte de ir por una lipo escultura y salir con algo no deseado en un pulmón, historia real de quien en este momento inspira mi escrito y mi mayor solidaridad, mi querida Lulú, a quien por pura casualidad y coquetería (por ello la palabra  "suerte")   le fue detectado y atacado el problema a tiempo… Prevención, simplemente prevención. La misma que se toma cuando cerramos con llave la puerta de la casa para estar resguardados  o apagamos la hornilla de la cocina para evitar accidentes. 
Pero además de la prevención por nosotros mismos y nuestros familiares más cercanos, podemos también hacernos solidarias con las Campañas pro-fondos para detectar el mal y que tienen por noble tarea el apoyo  a personas de bajos recursos que no cuentan con posibilidades de costearse los tratamientos; a escribir de vez en cuando una o muchas notas de reflexión; a luchar, combatir y vencer ese flagelo; a exigir a los Gobiernos el apoyo ABSOLUTO para cuidar de sus Ciudadanos y brindarles la atención en casos de riesgo de salud; a investigar por internet y enterarnos que cada día existen más Santos vivos como Jorge Gronda,  cuya labor altruista fue reconocida por las Naciones Unidas por su solidaridad con las mujeres más pobres que padecen cáncer; a contribuir con 10 minutos de risas o de presencia, de las eternas tres horas que ocupa una sesión de quimioterapia; a  abrazar a un niño con cáncer y orar, cada segundo,  por su sanación total, como si la oración fuera elevada al Cielo por nuestro propio hijo.
Y por supuesto acompañar a todos esos guerreros que hacen de ese suero y esa manguerita su espada más poderosa y  que, estoicamente, reciben en la batalla las agresiones del enemigo con la seguridad de que vencerán…de que ganarán la guerra. Hacernos solidarios con esa causa que atribuimos a otros hasta que un día,  quizás si, quizás no,  puede convertirse en nuestra.
A darles la bienvenida a la vida a miles de aquéllos que triunfaron sobre el mal, y que como Tania y Daniela se convirtieron en modelos a seguir y  que como Lulú se transforman, ante nuestros propios ojos, en diamantes hechos de la más noble fortaleza.

LA NOVIA DE MI HIJO

"…a un soñador de pelo largo, que le va usted a hacer, señora… "
Una noche,  después de ponerle su pijama de power rangers,  me dispuse a leerle su cuentico nocturno. Al terminar  le di un beso y lo dejé dormido.  
En un instante y casi sin darme cuenta, mi pequeñito terminó el preescolar, se paseó por los primeros grados , llegó al bachillerato y hoy, sintiéndose todo un  hombre de década y media, exhibe con orgullo y altivez de caballero, su primera novia.
Llegó a la adolescencia: un reordenamiento biológico lo llevó a la renuncia de su amado universo infantil: superó la aterradora y temida experiencia del acné , atravesó el umbral de aquellos cuentos de cada noche que sustituyó por libros de historia, religión  y  literatura, revistas de música, videos de los Beatles, películas de estreno y llamadas telefónicas interminables en las que ha ido descubriendo por sí mismo  esas anécdotas que escuchaba acerca del amor:  los besos, los abrazos, la compañía. De pronto, todo aquello que de niño le causaba una repulsión indescriptible o una sorpresa   inesperada se volvió en su contra, (para su mayor fortuna). Un paso por este continuo de la existencia humana, su nuevo nacimiento y el tránsito de la infancia a la edad adulta.
Mi chiquitico creció y yo fui prácticamente desplazada de su corazón. Dejé de ser centro y garantía de su mundo… Dejé de ser su único, eterno y siempre defendido amor. Ahora él ostenta una vida y con ella  secretos celosamente guardados. Ahora   debo ser espectadora de ese torbellino de risas diferentes en el rostro de mi niño grande, de esa mirada salpicada aún de magia e inocencia que no oculta sus ansias de saber más, de ese "hombre en construcción" que maravillosamente se va formando vertical, con material noble y duradero, inoxidable. De ese ser  nacido de mí pero a quien toca ahora la responsabilidad de asumir la conformación de su propio destino, de hacer "su camino al andar".
Y es por eso que  al verlo junto a  su novia, esa rival hermosa , ocurrente y risueña,  al verlo tomarla de la mano,  llamarla mi vida, cuidarla , validarla y hacerla feliz, quererla tanto, tanto…al saberlo diferente, sabio y correcto,   me lleno de orgullo, me siento complacida  y pienso que ese ser llegado a este mundo con la inmensa fortuna de saberse amado, encontrará en dada una de sus huellas al andar , el más correcto de todos los caminos.