martes, 9 de agosto de 2011

LA MUJER MÁS BELLA QUE HE CONOCIDO EN MI VIDA



Ante el inminente reflejo de los años en "algunos" lugares de mi rostro, decidí emprender la búsqueda de una de esas cremas milagrosas que se anuncian en las revistas y en los comerciales de televisión como la panacea para "desaparecer en sólo tres semanas" las incipientes patas de gallo o el acoso de la fuerza de gravedad en las mejillas y el cuello. Mi acompañante no fue una amiga solidaria de las que prácticamente  te obligan a sacar la tarjeta y comprar el producto que te ofrece la vendedora  de la tienda de cremas de belleza (muchas veces más arrugada que tú) y que te dice en tono de "hazme caso" que "debes llevarla cueste lo que cueste". Tampoco me acompañó  un marido de esos que prefieren quedarse  afuerita, en el kiosquito,  tomándose  un café y observando todo a su alrededor, levantando de cuando en cuando la mano para, desde allí,  saludarte y, por supuesto recordarte, muy sutilmente, que debes ser controlada en la inversión que harás para rellenar tus arruguitas. Menos aún, me permití tener de testigo a mi hijo adolescente, para quien el tiempo parece no tener precio y, por ello, no lo  desperdicia en actividades  que no sean su batería, su novia, su recién estrenada universidad, sus programas de history channel  y su música…su tan bendita música que le hace del  mundo un mundo mejor.  Realmente debo confesar que mi compañero de esa tarde recién salía de su taller vacacional y,  con sus zapatos llenos de arenilla del parque   y  la franela con una muy presente muestra del menú del almuerzo, no dudó en ir conmigo al centro comercial donde conseguiríamos algo que haría más linda a mami.


Después de recorrer todas  las jugueterías, ojear los libros infantiles de la única librería, comprar un paquete de cotufas, verme comprometida a comer la mitad de ellas pues "la comida no se bota",  tomar volantes informativos  de todas las obras de teatro de la cartelera, mirar las maticas del jardín interno del centro comercial, verle las formas de animales a las nubes e intentar limpiar la muestra del almuerzo de su camisa,  mi compañero y yo, finalmente,  entramos a la tienda  donde el objeto de mi urgencia me esperaba.
El mostrador exhibía no menos de quinientas líneas de productos de distintas marcas y lo que es peor…de distintos usos. Ante mi extenuación visual por tanta variedad, le pedí  a una de las señoritas maquilladísimas de la tienda que me ofreciera (por supuesto hice el acting correspondiente)    algo para las arruguitas… "señorita, para éstas de aquí que se marcan cuando sonrío". Paradójicamente, en ese mismo instante me di cuenta que son las mismas arrugas que permanecen cuando NO sonrío.
La joven  me miró con una expresión  que no pude precisar porque  oscilaba entre el  desprecio y el  fastidio. Totalmente vengativa por haberla levantado de su cómoda silla y haberle interrumpido la amena conversación que sostenía con la otra vendedora, vació sobre el mostrador la totalidad de la vitrina y me sometió a un stress tan fuerte, sólo comparable a la convivencia con un esposo que gana menos dinero que uno.
De manera cruel y despiadada hizo desfilar  ante mi indefensión  todas, absolutamente todas,  las combatientes  cremas de las arrugas del planeta…para el párpado superior, para el  inferior, para la comisura de los labios, para la parte superior de los labios, para lo surcos al lado de los labios, para los poros abiertos, para los poros cerrados, para la frente, para el entrecejo, para las mejillas, para la parte inferior de las mejillas, para las mejillas por dentro,  para el mentón, para el cuello, para las arrugas verticales, para las transversales, para las que no se ven para las que muy pronto se verán…
A su vez, esas categorías para las distintas zonas de rostro y cuerpo  tenían la subdivisión de cremas, emulsiones, lociones, gotas, sólidos, sueros, leches….uff! cómo decidir?  cuál era la correcta para mi  necesidad? Para mi amenaza inmediata?


Por un instante llegué a sentir un pánico tan grande como el que se puede experimentar por la presencia de un artefacto explosivo en el estacionamiento donde tienes tu carro. Pero con bomba o sin ella, me armé de valor y me atreví a preguntarle una vez más  a mi "verduga" facial:  "Discúlpeme señorita, discúlpeme que la moleste tanto pero  para estas…específicamente para éstas arruguitas de aquí , cuál  es el producto mas recomendable y efectivo?
Esta vez sí se dignó a mirarme  de frente, retadora,  implacable y desbordante de una gran sabiduría : "Para esas la única solución serían éstas señora. Son las más efectivas. No veo más remedio para usted".  
Éstas eran catorce envases, catorce colores, con instrucciones en inglés, italiano o chino, en letras mínimas que,  gracias a mi recién estrenada  presbicia,  no pude  leer. Catorce JOYAS diría yo…por el precio inalcanzable. Catorce susticos en el estómago, catorce indecisiones que se sumaban a las ya existentes indecisiones de mi diario vivir.
Sólo un rayito  de luz me sacó de mi conflicto existencial. Una mirada acompañada de una sonrisa a la que aún no le crece el diente. Un hombrecito con rodillas llenas de  mugre de tobogán  que se acercó a mí y con la honestidad que sólo se presume  cuando estamos próximos a cumplir siete años   me dijo:  sabes qué? eres la mujer más bella que he conocido en mi vida". Y sellando sus palabras con un beso me tomó de la mano invitándome a salir de ese lugar.
Agradecí a la vendedora su atención  y  juntos, mi salvador y yo, salimos de allí a  comer un helado y a contar las estrellas que habían comenzado a asomarse en el cielo
Realmente debo confesar que cuando me miro en el reflejo del brillo de esos  ojitos, mis arrugas ni siquiera se notan.