martes, 27 de diciembre de 2011

Mi Navidad Casa de Claudio Nazoa


Mi Navidad Casa de Claudio Nazoa

 

En esta Navidad mi realidad  se asoma  tras la inmensa montaña que reta esta diminuta humanidad y en la delicada línea que dibuja su borde y la separa de un cielo estrellado que nunca antes presenciado.
En el sonido celestial del Aleluya de Handel que mezclado con los grillos, la cascada y el insistente silencio,  crea  la atmósfera de esta "Espléndida Noche Radiante de Luz".
En el calor de hogar que me recibe como invitada especial de una Familia a la que  me une el parentesco único e indiscutible del  amor.
En la presencia de Aquiles en cada espacio de poesía de esta casa preñada de magia, de luz, de esencia, de un caballo que se alimenta de las  trinitarias que adornan las esquinas  y de una avispa que, de puro tozuda, se golpea con los vidrios de la cocina en su afán de acercarse al fogón. De Claudio y su cultura histórica- culinaria que me lleva a descubrir a  la abuela de las hallacas, sin hojas de plátanos, sin maíz pero con nuestra venezolanidad.
En esta Navidad mi realidad se  asoma en la luz y el calor de cada vela encendida  allende los caminos que conducen a la capilla de Eva. En los cabellos de las hadas que cuelgan del árbol y en la sonrisa coloreada de inocencia de Valentina,  sonrisa  que  hago mía por derecho ante el recuerdo permanentemente  vivo y presente de la risa de mis hijos.
En la extraordinaria sensibilidad de  San Nicolás, visitante consecuente de Loma Risa; en  el honor de compartir los recuerdos de María; en la simpatía de Raúl y Federico  y la aparente soledad de tía Pina; en  el privilegio de disfrutar del encanto de los húngaros, en la incipiente madurez de Cristhian y el rostro aniñado de Manuel; en un bebé que viene en camino y una mamá que se estrena; en la belleza integra de Jeaneth y la laboriosa generosidad de Gigante y Víctor.
En esta Navidad mi realidad se asoma en las piedras que  conforman estas paredes,  pero principalmente se  asoma en el cariño de Claudio, en sus brazos francamente extendidos y  amorosos para mí, en su inocultable dicha porque  estoy aquí en su castillo, en su mesa, frente a la  montaña, bajo su cielo fulgurante…en Su Navidad.