miércoles, 30 de octubre de 2013

Rostros censurados






Rostros censurados

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A veces me llegan cosas como esta que hoy quiero compartir con ustedes. La escribió mi admirada Jorgita Rodríguez; a mi entender y visto lo visto, la productora más sensata y de mejor tino de espectáculos en Venezuela.
Triste pero cierto lo que nos dice Jorgita, quien al igual que el niño que puso en evidencia al rey que andaba desnudo, hoy nos da cuenta de lo que estos ineptos, panfletarios, destructores y envidiosos, son capaces de hacer con los artistas libres que no tenemos miedo, y a quienes no nos da la gana de jalar bolas ni idolatrar a nadie, a menos que sea el arte por el arte.
Me gustaría saber la opinión de algunos de los artistas con talento que, callados y vestidos de rojo, aplauden en silencio al poder en los teatros de Venezuela construidos para artistas libres. Qué pena verlos transformados en vergonzosos cómplices de la ignominia y asistentes complacientes de un verdugo inculto.
Que hable Jorgita: En los últimos tiempos, los trabajadores de una parte del sector que hace vida teatral y artística en el país, han visto, con extrema preocupación, la censura directa o solapada que se enfila, en nombre de un proyecto político y desde ciertas instituciones gubernamentales, contra algunos artistas críticos al gobierno, negándoles a ellos y al equipo que los acompaña su sagrado y legítimo derecho al trabajo y, por ende, al espectador, su también legítimo derecho al disfrute.
Casos como el retiro de los subsidios a grupos de “conductas públicas perniciosas” como sucediera hace unos años con el GA80 y Skena; la revisión y exigencias de algunas salas, de hacer cambios al libreto o “bajar el tono” para no herir susceptibilidades; el veto, en los hoteles de la cadena nacional Venetur, a reconocidos humoristas y artistas de oposición o la actitud de algunas alcaldías subordinadas a ciertas gobernaciones, de negar los permisos necesarios para montar un espectáculo en alguna ciudad, nos ponen ante un panorama desalentador que recrea el camino a la barbarie. Erigirse como “dueños” de espacios culturales, alegando razones como la de “en mi teatro no se presenta fulano”, con la pretensión perversa de hacerse de una propiedad que en realidad pertenece al Estado para uso de quienes son sus contribuyentes y beneficiarios, es decir TODOS los venezolanos y no al gobierno de turno que lo regente, es el más claro ejemplo de abuso y atropello para quienes, por derecho propio, deciden pensar y opinar de manera diferente.
Evaluar un espectáculo antes de que el público lo haga, además de cercenar la capacidad de pensar, cierra la posibilidad al espectador de tener la última palabra para decidir. Censurar por su postura política a un artista, pretender silenciar el humor y la comedia, por su innata condición crítica de los desaciertos del poder, solo estimula la prominente intolerancia típica de los regímenes dictatoriales. Salvo muy pocas y contadas excepciones, quienes lideran el proyecto de país se olvidan que los ciudadanos diverso-pensantes pertenecen también a ese mismo país.
La patria debe contar con buenos dirigentes que apuesten a la reconciliación, que hagan esfuerzos honestos para que los venezolanos se reencuentren. El pensamiento y las opiniones plurales son factor determinante del desarrollo de una nación. La crítica conduce a la madurez social y al franco progreso. Levantar el telón a voces sin censura, a expresiones libres, es el bien necesario que toda Democracia verdadera merece. @talentofemenino.

jueves, 24 de octubre de 2013

Caballero de armadura


El honor acompaña a los hombres decentes, a los honestos, a los sensibles. A los que creen en un proyecto de  país posible, pero desde la mirada de la objetividad, del respeto, de la honradez y en donde no caben atropellos.
El honor de caballeros...el honor de un Caballero: Néstor Caballero.
Aplaudo y agradezco tus palabras, oportunas, necesarias y urgentes.






EL SILENCIO OTORGA (Respuesta de Néstor Caballero al "dip" Earle Herrera)
Como se ve Earle Herrera que no conociste mínimamente a Oscar Yáñez, pues él fue, antes que nada, un ciudadano ejemplar, un caballero, un escritor que nos legó en sus libros la historia menuda de un país, esa donde los protagonistas son las personas del común, los desairados, los relegados. Cuando estuve en la Biblioteca Nacional (la antigua, la que quedaba frente al Congreso Nacional) me lo encontraba siempre tomando apuntes, a lápiz y en un cuaderno, para sus libros. Ahí, al salir, conversábamos y le dije que estaba investigando para una obra que abarcaría desde la caída de Medina Angarita hasta el gobierno de Lusinchi. Él fue quien me hizo entender, con su humor (“entonces, Ilustre, para verla habrá que llevar comida, bebida y un colchón, pues será una obra que durará una semana, por lo menos”) que tendría que dividirla en varias obras distintas. Fue así que escribí Los Taxistas también tienen su corazoncito (Caída de Medina Angarita, gobierno de Pérez Jiménez y luego Larrazábal); la segunda obra La Semana de la Patria (final del gobierno de Pérez Jiménez, gobierno de Betancourt y luego Leoni) y ya por último Chocolat Gourmet (Gobierno de Caldera hasta llegar al de Lusinchi). Las leyó, me dio datos, anécdotas que enriquecieron la trama y los personajes.
Era un señor con Don de Gentes. Entonces, que opines así de él, te achica, te degrada, te disminuye, y peor aún: te envilece, pues él ahora no puede defenderse. Quiero que eso te quede claro Earle Herrera, porque, si lo dejo pasar, me ahogo, me hace tu par, pues el silencio otorga.
Vaya para Rosita, su hija, mis condolencias y estas notas de desagravio para con su padre. 

Néstor Caballero

jueves, 17 de octubre de 2013

Un nuevo día



UN NUEVO DIA
 (Jorgita Rodríguez)

 Al entrar a la salita se descubre una cantidad de poltronas organizadas una al lado de la otra, casi apoyándose entre sí, dándose el aliento necesario. La siempre hermosa madre  María  recibe a quien llega. Bellamente adornada con flores y, con esa sonrisa  que a través de los siglos permanece incólume,  susurra que todo va a estar bien.  La escena se repite, pero  al mirar en todas las direcciones se puede notar que  el protagonista de esa obra puede ser  cualquiera: hombres, mujeres, ancianos, niños, jóvenes, viejitas. En medio del temor  se respira esperanza, en medio del dolor se percibe la certeza de que esa sequedad en la garganta, la cabecita sin cabello, el hematoma en el brazo o la piel lozana que se marchita vertiginosamente sin considerar la cantidad de velitas apagadas en el último cumpleaños, tienen un por qué.
Conectadas a la vida, montones de personas que han sido afortunadas en ser detectadas a tiempo, reciben un tratamiento que, gota a gota, representa para cada uno de ellos, la salida del sol, un nuevo día.
Mucho se habla de él: el cáncer, de manera desmesurada e implacable  cobra vidas por falta de un diagnóstico y un tratamiento a tiempo.  Por ello la prevención es fundamental y es allí  donde todos debemos actuar: citas médicas periódicas, exámenes de diagnóstico, observar el comportamiento de nuestro cuerpo.  ¿Cuánto nos ocupamos de la estética?  Tener un busto más grande, una cintura más fina, una nariz más perfilada. ¿Cuánto nos ocupamos del cabello? Extensiones, baños de parafina, botox capilar. Dedicamos horas a analizar cómo cambiar físicamente para ser más bonitas, algo absolutamente válido, pero pueden pasar años antes de tomarnos una muestra de sangre para saber cómo están nuestros niveles de colesterol o de azúcar y confirmar que todo marche bien.  No siempre tendremos la suerte de ir por una lipo escultura y salir con algo no deseado en un pulmón, historia real de quien en este momento inspira mi escrito y mi mayor solidaridad, mi querida Lulú, a quien por pura casualidad y coquetería (por ello la palabra  "suerte")   le fue detectado y atacado el problema a tiempo. Prevención, simplemente prevención. La misma que se toma cuando cerramos con llave la puerta de la casa para estar resguardados  o apagamos la hornilla de la cocina para evitar accidentes. 


Pero además de la prevención por nosotros mismos y nuestros familiares más cercanos, podemos también hacernos solidarias con las Campañas pro-fondos para detectar el mal y que tienen por noble tarea el apoyo  a personas de bajos recursos que no cuentan con posibilidades de costearse los tratamientos;  escribir de vez en cuando una o muchas notas de reflexión; luchar, combatir y vencer ese flagelo,  exigir a los Gobiernos el apoyo ABSOLUTO para cuidar de sus Ciudadanos y brindarles la atención en casos de riesgo de salud; investigar por internet y enterarnos que cada día existen más Santos vivos como Jorge Gronda,  cuya labor altruista fue reconocida por las Naciones Unidas por su solidaridad con las mujeres más pobres que padecen cáncer; a contribuir con 10 minutos de risas o de presencia, de las eternas tres horas que ocupa una sesión de quimioterapia; a  abrazar a un niño con cáncer y orar, cada segundo,  por su sanación total, como si la oración fuera elevada al Cielo por nuestro propio hijo.
 Y por supuesto acompañar a todos esos guerreros que hacen de ese suero y esa manguerita su espada más poderosa y  que, estóicamente, reciben en la batalla las agresiones del enemigo con la seguridad de que lo vencerán, que ganarán la guerra. Hacernos solidarios con esa causa que atribuimos a otros hasta que un día,  quizás si, quizás no,  puede convertirse en nuestra.
A darles la bienvenida a la vida a miles de aquéllos que triunfaron sobre el mal, y que como Tania y Daniela se convirtieron en modelos a seguir y  que como Lulú se transforman, ante nuestros propios ojos, en quilatados diamantes.